Tratando de vivir en el aquí y ahora

Elías dentro de mes y medio cumplirá 13 año, recuerdo cuando todo el día vivía preocupada por como sería su futuro, si caminaría, si hablaría, si leería, si haría esto o aquello. Compararlo con el compañerito de estimulación temprana ¿cómo es que aquel niño ya estaba dando pasos y Elías no? ¿cómo es que fulanita ya decía palabras y Elías no?

Me la pase un buen tiempo preocupada, estresada, angustiada, buscando un ideal, el que Elías sería el super niño down, o más bien, el niño al que no se le notaría el síndrome de Down.

Hace un tiempo, estuve yendo a terapia, por varios asuntos, pero principalmente porque me dio un ataque de ansiedad, y quizás hasta tenía algo de depresión.

De repente una noche de esas de soledad, me encontré tomando vodka,  con un dolor en el pecho, respirando a mil por segundo, llorando desconsoladamente por todo y nada y ahí exploté.

Parte de mi ansiedad, tenía que ver con ustedes, bueno eso era lo que yo creía, pero entendí que tenía que ver más conmigo que con nadie más.

Le decía a la psicóloga, es que tengo un blog, la gente sigue lo que escribo, somos un ejemplo para otras familias, ellos buscan apoyo, me dicen que gracias a equis o ye, se animaron a hacerlo también, tanto hablo de inclusión, del derecho que tienen bla bla bla ¿cómo puedo sacar a Eva de la escuela? ¿cómo no mandar a Elías a la secundaria ? estaría fallando a “la lucha” y se lo decía con lágrimas, nudo en la garganta y un gran pesar.

Y aunque quizás pareciera que soy muy fuerte, no siempre lo he sido.

La psicóloga me ayudo a vivir en el aquí y en el ahora, con un ejercicio muy fácil.

Cerrar los ojos, respirar profundamente y empezar a sentir el aquí y el ahora. ¿Qué escuchas? ¿qué hueles? ¿qué sientes?

Durante mucho tiempo tuve que detenerme en medio de la calle, en medio de mi casa, en medio del centro comercial, dejar lo que estuviera haciendo, para poder dejar ese dolor del pasado o esa ansiedad del futuro que rondaban en mi cabeza y corazón, para estar en el aquí y el ahora.

Sentir el aire, sentir el calor del sol, mi respiración, los latidos de mi corazón, escuchar a los niños reír, a la gente hablar, a los pájaros cantar, oler el césped, la comida, el entorno.

Empecé a pensar más en nosotros, y menos en el qué dirán, en el qué pensarán, en si estaría fallándole a alguien, pero también sentí que necesitaba un “descanso” de este espacio, un “descanso” de compartir nuestras vidas, un “descanso” de las redes sociales, un “descanso” por el bien de mi familia, pero sobretodo por mí.

Me decía la psicóloga, olvídate de los demás, olvídate de si tu decisión está bien o mal, ¿qué es lo mejor para tus hijos? ahora en este momento, para ellos.

Mis hijos tienen una discapacidad, mientras han ido creciendo me he podido dar cuenta cada vez más de donde estamos y hacia donde vamos, y pensar en eso ya no me trae ansiedad. Ya no hago las cosas tratando de demostrarle a nadie que si se puede, pensando en que si hicimos o no hicimos, que si fulanita o fulanito van super bien, que padre ! bien por ellos, pero mi realidad, la realidad de mis hijos es esta, y vivir en el pasado o en el futuro no es vivir.

 

”Ese es el simple secreto de la felicidad. Hagas lo que hagas, no dejes que el pasado se interponga, no dejes que el futuro te moleste. Porque el pasado ya no existe, y el futuro aún no ha llegado. Vivir en la memoria, vivir en la imaginación es vivir en la no existencia”. – Osho